miércoles, 8 de febrero de 2012

Limitaciones

Al escribir un texto, el escritor sabe de las limitaciones que restringen su trabajo. No existe artilugio técnico alguno que le dé el correcto sentido a un mensaje, siempre algo de él se perderá por el camino.
Las carencias de la metodología empleada quedan así al descubierto: no se puede comprender una idea cuando está mal transmitida.
El empleo de metáforas, que encripten su mensaje, dará todavía una mayor incertidumbre a la correcta comunicación de la idea que se piensa transmitir. Conviene aclarar que, con tales herramientas retóricas, se podrá simular que se transmite algo, cuando en realidad el mensaje es vacío de contenido. En estos casos, se entregará un texto baldío, en la esperanza de que la libre asociación de ideas de cada lector le hallará un valor oculto que no tiene.
Este problema no es un patrimonio exclusivo de la literatura; la pintura y la música pueden captar la atención del receptor mediante obras llamativas, aunque carentes de mensaje alguno o valor artístico.
Las obras pictóricas, lejos de surgir de la imaginación o la observación del pintor, bien pudiesen resultar de la copia de fotografías o consistir en la profusión de garabatos azarosos y sin contenido; pese a ello, cualquiera podrá atribuirles belleza y creatividad. No olvidemos que algunos impresionistas ya se valían de la ayuda de fotografías y que, antes que ellos, ciertos pintores renacentistas empleaban otros artilugios ópticos para pintar las bellas imágenes de sus cuadros.
La música de hoy -por su parte- es una sumatoria de sonidos, que pueden editarse y modificarse discrecionalmente, gracias a magníficos equipos de estudio. En este contexto los cantantes no necesitan tener una voz notoria, ni siquiera mucha entonación, ya que artilugios tecnológicos de diverso calibre darán realce a sus voces gastadas, disonantes, o hasta desagradables. La publicidad hará el resto.
En la literatura también hay trucos para embellecer las obras, ya que si un texto no fuera atractivo o no pareciera comunicar una idea interesante, será desechado con rapidez por el lector. En este ámbito, hay escritores de éxito duchos en el arte de llenar páginas de sandeces y de lugares comunes, textos sin ninguna pretensión de coherencia u originalidad. Basan su tarea en la redacción de párrafos que contienen aquellas cuestiones que más interesan a las sensaciones más básicas del lector: sexo, violencia, neurosis, odios y calenturas. Plagiar o copiar textos es más frecuente de lo que uno se podría imaginar.
Pensar es un ejercicio que le cuesta más trabajo a la mente. Es por ello que las obras maestras, las que valen, son escasas.
De hecho, ya se sabe que lo que justifica una obra de arte es la suma de la utilización de una técnica depurada en su confección y de un mensaje trascendente implícito en ella. Algo de originalidad también ayuda al encumbramiento de alguna de ellas.
Pero, no todos los artistas poseen tales talentos.

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