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| De derecha a izquierda; arriba: Sandra, Meryross y Humberto, abajo: El Moli y Arturo. |
Que alguien se encuentre intrigado por
saber si esos colegas de la blogósfera, con los que intercambiamos comentarios
luego de leer las respectivas entradas, son tal y como los imaginamos es algo
que presumo universal.
Por ello, la posibilidad de conocer
personalmente a un grupo de ellos es una situación tan infrecuente como
deseada.
Un buen día, "El Moli" me comunicó sus
deseos de conocerme, cuando viniese a Buenos Aires; de modo que le dije que
pasara por mi casa, que no había problemas y que sería un gusto para mí que así
lo hiciera.
En este siglo de las comunicaciones,
Meryross, Sandra Montelpare y Humberto Dib se enteraron y quisieron sumarse al dúo.
Entonces, la alegría se potenció en mí: estaríamos los cinco en casa, a partir
de las cinco de la tarde del sábado 1° de diciembre.
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| De derecha a izquierda: Meryross, Sandra, Humberto, El Moli y Arturo. |
Fue el momento de confirmar suposiciones y de asombrarse gratamente con bellos descubrimientos.
Es así que Sandra es tan espontánea y divertida que no hay manera de no disfrutar con su presencia; Meryross es la dulzura hecha mujer, se nota su generosidad e interés por quienes la rodean, una persona decididamente querible, Luis (El Moli) es el buen humor encarnado en un hombre, el amigo ideal para estar horas y horas de tertulia; Humberto es modesto, inteligente y culto, virtudes que te hacen sentir cómodo ante una persona tan brillante y respetuosa como él.
La nota discordante la ha dado un locuaz anfitrión, que puso de manifiesto la falta de síntesis en sus exposiciones; por suerte, lo compensó -en parte- con su sinceridad brutal, bien conocida.
¿El temario abordado? Solo se trató de conocerse, de intercambiar alguna anécdota, o de hablar sobre cuestiones menores. Nada muy diferente a lo que produce una charla distendida entre amigos.
Conviene hacer notar que María Rosa (Meryross) y Luis (El Moli) viajaron más de trescientos kilómetros para llegar hasta mi ciudad y en su escaso tiempo en ella dedicaron parte de su tiempo a esta cita, les quedo muy agradecido.
Más allá de todo, debo confesar que durante ese rato fui feliz, lo que no es decir poco.
Es así que Sandra es tan espontánea y divertida que no hay manera de no disfrutar con su presencia; Meryross es la dulzura hecha mujer, se nota su generosidad e interés por quienes la rodean, una persona decididamente querible, Luis (El Moli) es el buen humor encarnado en un hombre, el amigo ideal para estar horas y horas de tertulia; Humberto es modesto, inteligente y culto, virtudes que te hacen sentir cómodo ante una persona tan brillante y respetuosa como él.
La nota discordante la ha dado un locuaz anfitrión, que puso de manifiesto la falta de síntesis en sus exposiciones; por suerte, lo compensó -en parte- con su sinceridad brutal, bien conocida.
¿El temario abordado? Solo se trató de conocerse, de intercambiar alguna anécdota, o de hablar sobre cuestiones menores. Nada muy diferente a lo que produce una charla distendida entre amigos.
Conviene hacer notar que María Rosa (Meryross) y Luis (El Moli) viajaron más de trescientos kilómetros para llegar hasta mi ciudad y en su escaso tiempo en ella dedicaron parte de su tiempo a esta cita, les quedo muy agradecido.
Más allá de todo, debo confesar que durante ese rato fui feliz, lo que no es decir poco.

